Hoy
han venido 2 trabajadores de ING-Direct
, para realizar una ponencia sobre la educación
financiera.
Ha sido
una ponencia bastante interesante, sobre este tipo de educación y lo importante que es, que se imparta en los
colegios e institutos.
Pero, ¿Qué
es la Educación Financiera?
La
educación financiera mejora la comprensión de los productos y mercados
financieros por parte de los consumidores. Esto puede conseguirse a través de
la información sobre los productos financieros, de la formación sobre cómo
funcionan los mercados o de un asesoramiento independiente. Un consumidor bien
informado sabe donde obtener ayuda con el fin de mejorar la rentabilidad de sus
inversiones. De este modo los inversores pueden llegar a ser más conscientes de
los riesgos y oportunidades que representan sus decisiones.
Todos los días los
consumidores realizan actividades relacionadas con su dinero, como abrir una
cuenta bancaria, contratar el seguro de su coche, comprar acciones en bolsa o
simplemente decidir entre pagar al contado o con tarjeta, que requieren una
correcta comprensión y valoración de lo que están haciendo. Pero para adoptar
estas decisiones necesitan una información y una formación adecuada que no
siempre está a su alcance y si lo está es de muy difícil comprensión. ¿Han
probado a leer las condiciones incluidas en su crédito hipotecario?
La tendencia más
actual es incluir la educación financiera en los colegios. Una educación para
la ciudadanía bien podría incluir la formación necesaria para entender la
economía financiera. Saber que es un banco o la necesidad de acudir a un asesor
financiero son conceptos que cualquier niño puede aprender. «La tienda en la
que se guarda el dinero y donde lo pedimos cuando lo necesitamos» o «el médico
de cabecera al que acudimos cuando no sabemos que hacer con nuestro dinero» son
conceptos de fácil comprensión.
Pero nos encontramos
con una población adulta que ha carecido de formación financiera en su
educación escolar. Y que, sin embargo, se enfrenta a una creciente oferta de
productos financieros cada vez más complejos y a veces arriesgados. Se
contratan hipotecas a cincuenta años a tipo variable en las que además de la
firma del titular se pide la de su hijo. ¿Está afectando esta decisión del
titular al crédito que tendrá su hijo cuando al acabar sus estudios quiera comprar
su propia casa? ¿Es correcto que para mayor seguridad el banco pida que se
paguen por adelantado todas las primas del seguro de vida asociado al préstamo
hipotecario? Son dudas que podemos resolver con información sobre las
condiciones en que se está ofreciendo el préstamo, siempre que por nuestra
formación financiera seamos capaces de interpretarla, o, en otro caso,
tendremos la necesidad de acudir a un asesor financiero independiente.
Las asociaciones de
consumidores informan a los consumidores sobre sus derechos y cómo reclamar
frente a su banco o intermediario financiero. Pero tan importante o más que
saber cuales son nuestros derechos es conocer el mercado y los productos
financieros. La educación financiera es algo complementario a la protección del
consumidor. Con educación financiera podemos manejar un lenguaje que nos sitúa
al mismo nivel del banco y que nos permite decidir con autonomía también en lo
financiero. Podremos entonces dar al banco instrucciones más claras y precisas
que eviten la discrecionalidad de los mandatos en blanco.
Con una información y
formación adecuada los consumidores serán más conscientes de las distintas
oportunidades de inversión y se acercarán al mercado con más naturalidad, más
confiados en no verse sorprendidos en su buena fe. Por ejemplo, superaran el
miedo al riesgo de adquirir acciones de la filial de un grupo que más tarde la
matriz decide dejar en vía muerta o de adquirir productos financieros que
creíamos de inversión y eran simplemente comerciales, carentes por lo tanto de
las garantías que ofrece el mercado financiero.
La educación
financiera se ha convertido en una prioridad para los países más avanzados. El
desarrollo de los mercados financieros necesita contar con la confianza del
consumidor cuyo alimento es su habilidad para comprender el funcionamiento del
mercado.

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